Dificultades y aprendizajes de un amor “intercultural”

Hace casi 3 años que estoy en pareja con un hombre nacido en Colombia, criado en Canadá y de piel negra. Viviendo en un país como Argentina, y perteneciendo a un círculo donde predominan los descendientes de inmigrantes españoles o italianos, no existe un abanico de tonos muy diverso como si pude ver en otras grandes urbes del mundo. Es por ello que mi relación es vista como poco convencional.

Es una obviedad afirmar que tendemos a ponerle etiquetas o títulos a todo aquello que nos rodea, ya sea intencional o no. Es por eso que con mi pareja somos comúnmente rotulados como pareja “intercultural” término que me incomoda un poco ya que de la forma en que yo lo siento/vivo, mi relación no tiene esa diferenciación ya que considero que el amor que conforma una pareja no entiende de fronteras, divisiones entre países o colores de piel.

Nuestra historia comienza con un viaje donde buscaba escaparme de las obligaciones de mi vida cotidiana y en esa paz tomar algunas decisiones sobre mi relación de aquel entonces. Cuando conocí a Jonatan en aquella playa de Punta Cana me sentí atraída por lo diferente. Admito que era la primera vez que tenía una charla profunda con alguien de tez morena lo que me hizo darme cuenta de que por más que me pase la vida viajando, mi mundo, en cuanto a las relaciones, es muy acotado. Claro que tuve dudas que nacieron de la completa ignorancia o quizá un poco también de las concepciones que se tienen de una persona de piel oscura. A medida que pasaron los días y fue creciendo la confianza, luego de interminables noches de conversaciones de lo más diversas, me animé a hacerle aquellas preguntas. Todavía nos reímos cuando recordamos algunas como “¿Ustedes también se broncen?¿Tienen que usar protector solar? Creo que de esas preguntas me río para no llorar y aceptar lo metida adentro de un táper que viví durante tantos años y cuanto me perdí de conocer más a fondo otras culturas. Actualmente sigo aprendiendo.

Pasada esa instancia de preguntas, y viéndolo todos los días, su tono de piel fue algo que deje de ver. Al conocer al otro esto es algo que pierde protagonismo y que hoy se me olvida por completo. Habían terminado aquellos 10 días de vacaciones y llego la hora de volver a Buenos Aires. Llena de entusiasmo, como quien empieza a sentir algo por una persona nueva, se lo conté a mis amigas y aquellas personas con quien compartía la cotidianidad. Como haría cualquiera a quien le cuentan de un “chico nuevo” me pedían que les mostrara una foto o incluso aveces nacía de mí. La primer reacción del 98% de las personas fue “¡Ah es negro!”. En un comienzo ésta exclamación me parecía cómica pero como todo lo que se torna repetitivo me empezó a cansar y luego hasta me enojaba contestando con la ironía que tanto me caracteriza: “¡Me estas jodiendo! No me había dando cuenta!”. A aquella reacción se suma la de los hombres que afirman que tenes una relación con un hombre de tez oscura por la idea que se tiene de sus genitales. Confieso que aunque muchas veces lo oculte esos comentarios me irritan mucho por que son cosas que nadie cuestiona habitualmente. Claro que tampoco nadie exclama “¡Ah es blanco!” al ver una foto de tu novio.

Cuando caminamos por la calle la mirada penetrante del otro es constante. Al principio era muy incómodo y yo no lo entendía hasta que un día le pregunté a mi pareja si él también se sentía observado. Con mucha paciencia me explicó lo obvio “somos la única pareja interracial en la mayoría de los lugares  a donde vamos”. Lo diferente genera curiosidad, claro. Así nos sentimos en todos lados, incluso en fiestas donde se ha acercado gente a sacarse fotos con él como si se tratara de algún ser mágico o mitológico del que leyeron en algún cuento y finalmente tienen la oportunidad de verlo en persona y por supuesto quieren tener una prueba para mostrarle a sus amigos.

Por otro lado están quienes te cuestionan por salir con “alguien así”. Si, la gente cuestiona tus gustos como quien no entiende por que te gusta algún sabor raro de helado o el chocolate relleno con higos. “¿Estás segura de que estás enamorada y no estas con él por que es cool?”. Podría contar miles de experiencias o comentarios ofensivos que tuve que escuchar.

Más allá de la mirada del otro, que aveces puede ser dolorosa, esta relación me mostró un mundo lleno de diversidad que desconocía. Desde mi primer viaje a Montreal, ciudad que se caracteriza por su mezcla cultural y etnica, conocí a muchos de sus amigos cuyos orígenes pertenecen a los países más diversos. Sin ir más lejos, su núcleo más cercano esta conformado por white quebequers pero también asiáticos, griegos, rusos, africanos entre otros. Este hecho simplemente me voló la cabeza. Es tan enriquecedora e interesante la dinámica que se presenta en grupos así. Aprendí más en éstos últimos dos años de geografía, países y costumbres que lo que conocí en mis 26 años de educación escolar y universitaria. Con sólo tomarme un momento para observar a mis grupos de amigos entendí que, salvando diferencias de rasgos físicos, venimos casi todos de los mismos lugares. Tenemos la misma cultura, celebramos las mismas festividades y en nuestras casas se habla el mismo idioma.

Basta con sentarse en un café de Montreal a mirar la gente pasar para ver grupos conformados por personas de lo más diferentes y honestamente me resulta hermoso. Como la mujer tapada con un hijab se abraza y ríe con otra en pantalones cortos y top donde ambas aceptan lo que las hace diferentes pero aún así se permiten compartir y disfrutar de la compañía de la otra. De más esta decir que ahí casi nadie nos mira raro, ni nos clava la mirada. Cuando salimos no somos la única pareja “interracial”, somos simplemente una pareja más.

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Llego un momento en el que me vi obligada a entender que esto iba a pasar. Que el que utiliza la palabra “negro” como un insulto adelante mío no siempre esta buscando agredirme, sino que vivimos en un país donde la discriminación esta arraigada en el inconsciente. Que así como yo ignoraba tantas cosas y desconocía, quienes me rodean viven en el mismo entorno que yo  y la única diferencia es que tuve la ocasión de conocer y depurar dudas o mitos. Aunque no queramos admitirlo la palabra del otro muchas veces queda plantada en nuestra cabeza y nos lleva a cuestionarnos, replantearnos o hacernos preguntas. Para mi también los comienzos de ésta relación estuvieron llenos de dudas e interrogantes. Lo que me facilitó el camino fue abrirme a mi pareja con todo esto. Su entendimiento y ternura fueron cruciales. El comprendió que mis preguntas surgían de lo desconocido, de sentirme diferente por que no tenía a nadie con quien hablar que entendiera lo que yo estaba atravesando.

Luego de 3 años de vivir un amor tan lindo donde aprendí tanto y soy tan genuinamente feliz, abrazo las diferencias que nos hacen quienes somos. ¡Es necesario despojarnos de la mirada del otro! Siempre va a haber alguien que tenga algo negativo para decir, pero también están aquellos que tienen buenas vibras y quieren verte sonreír. Hoy yo elijo rodearme de esas personas.

¡Las invito a que me cuenten si viven una relación similar a la mía!